martes, 10 de agosto de 2010

EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI. Heinz Dieterich Steffan

  

Publicación del Fragmento del Libro de Heinz Dieterich Steffan. EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Capitulo 6. Programa de Transición Latinoamericana al Nuevo Socialismo.
Sección 6.2 Estrategia del Bloque Regional de Poder (BRP).


IV. Hoy, la estrategia del capitalismo proteccionista de Estado tiene que cumplir con tres criterios, para ser exitosa: 1. tiene que ser nacional-regional; 2. debe basarse internamente en cuatro polos de crecimiento y, 3. debe resolver el problema del financiamiento de la acumulación ampliada del capital.
Ad. 1. El sistema mundial funciona sobre grandes Bloques Regionales de Poder (BRP), cuyo modelo de acumulación es el Capitalismo Proteccionista Nacional-Regional (CPNR), cuyos elementos organizativos constitutivos son las corporaciones transnacionales (CTN) y que se apoyan en el Estado Global (EG). La tendencia de evolución de este sistema es convertir a la sociedad mundial en un Obraje Global Militarizado (OGM).

La combinación de los cuatro elementos le da a estos bloques su extraordinaria fuerza que explica porque la Unión Europea, Estados Unidos y Japón logran apropiarse del ochenta por ciento de la riqueza mundial, aún en contra de los intereses del ochenta por ciento de la humanidad. La única manera para los países latinoamericanos de poder competir en este entorno global consiste en la emulación de éstos Sistemas Regionales de Poder. Es decir, el bloque regional de poder es la precondición de cualquier avance económico latinoamericano, porque la renegociación de la deuda externa, del proteccionismo del G-7, del desarrollo de tecnologías de punta y ciencias de la excelencia latinoamericanas sólo pueden realizarse desde una base de poder regional. Sin embargo, el BPR latinoamericano ha de tener una diferencia cualitativa frente a los demás bloques mencionados: integra desde su inicio elementos claves de la Democracia Participativa o sea, del
Socialismo del Siglo XXI.

Ad. 2. Una economía nacional moderna en América Latina sólo es viable si se sustenta sobre cuatro columnas estructurales o polos de crecimiento: 1. las pequeñas y medianas empresas (PYMES); 2. Las corporaciones transnacionales nacionales (CTN); 3.las cooperativas y, 4. Las empresas estratégicas del Estado. Esta verdad debe constituir el punto de partida de toda teoría y planificación económica en América Latina. Sin embargo, el tema es tabú porque contradice los intereses de Washington, de Japón y de la Unión Europea.

La función de las PYMES en una economía moderna es triple: en primer lugar, es la organización económica más significativa para el empleo de la población económicamente activa: en América Latina, alrededor del 75 por ciento del empleo proviene de ellas y, además, representan el cincuenta por ciento del Producto Interno Bruto; en segundo lugar, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) son importantes fuentes de innovaciones tecnológicas que con frecuencia son adaptadas y mercantilizadas por las empresas transnacionales; en tercer lugar, las PYMES cubren la demanda de consumidores, cuyas necesidades no requieren una producción a gran escala y/o exigen una alta flexibilidad de adaptación al mercado;

La idea de que las pequeñas y medianas empresas sean, por definición, ineficientes, en comparación con las corporaciones transnacionales y que no pueden participar en el comercio internacional, es equivocada, como muestran los ejemplos de muchos países industrializadas.

La función de las empresas transnacionales en la aldea global es igualmente evidente. Ellas son los vehículos que permiten accesar el plusproducto mundial, tal como lo fueron los galeones españoles en el siglo XVI. Quién no dispone de empresas transnacionales, está separado del surplusmundial y, por lo tanto, tiene que vivir en la miseria. Las CTN accesan el surplus mundial a través de su poder económico-político y de las tecnologías de punta, las que, a su vez, se nutren de la ciencia de excelencia, de tal manera que empresas transnacionales, tecnología de punta y excelencia científica, son inseparables. La nación que no tenga CTN, tampoco necesita tecnología ni ciencia avanzada, porque está condenada al subdesarrollo.

El concepto Corporaciones Transnacionales activa justificadamente rechazo a sus prácticas antiéticas, por lo tanto quizás debería hablarse mejor de Complejos de Investigación-Producción-Comercialización (CIPC), que tengan la capacidad de enfrentar a las empresas transnacionales del Primer Mundo en cada una de las tres dimensiones mencionadas; tal como existen en Cuba, por ejemplo, en el Instituto Finlay o el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.

A diferencia de África, América Latina dispone de todos los elementos necesarios para desarrollar sus propios CIPC a corto plazo dentro del bloque regional de capitalismo proteccionista — Mercosur ampliado, profundizado y democratizado— y, de esta manera, revertir la descapitalización y el retroceso de las últimas décadas. El complejo biotecnológico-farmacéutico medico de Cuba es comparable, en su capacidad investigativa, productiva y económica, a una de las grandes transnacionales de Occidente. Si se uniera en una o dos grandes holdings con la respectiva industria brasileña y argentina, podría competir exitosamente por una parte considerable del surplus mundial.

La empresa aeronáutica brasileña Embraer, a su vez, tiene todo el potencial para compartir en forma igual con Airbus y Boeing el mercado mundial de la aviación y, más temprano que tarde, de la industria espacial, aprovechándose al Ecuador como el lugar geográfico de mayor ventaja comparativa para el lanzamiento de cohetes al espacio. Varias líneas aéreas latinoamericanas podrían fusionarse y garantizar no sólo un mercado natural para la industria aeroespacial criolla, sino que competiría en condiciones iguales con los europeos y estadounidenses. Las gigantescas exportaciones de materia prima —petróleo, ferro, granos, madera, etc. — garantizarían, por otra parte, una o varias grandes industrias navales en el subcontinente. En el sector energético se ofrece un Complejo de Investigación-Producción-Comercialización latinoamericano, creada a través de la unión entre PDVSA de Venezuela, Petrobras de Brasil y la reestatizada YPF de Argentina. La física nuclear argentina y brasileña mantiene todavía, pese a los destructivos sabotajes de los gobiernos neoliberales, un alto nivel de competencia y podría ser el germen de un CIPC capaz de competir con las transnacionales Westinghouse y Siemens en energía nuclear. Y así, ad infinitum.

Ad 3. En teoría, el financiamiento de un nuevo despegue industrial-científico en la Patria Grande puede venir de las siguientes fuentes nacionales: 1. La deuda interna: 2. La desigual distribución de la riqueza nacional; 3. La evasión fiscal; 4. La corrupción; 5. Las ventajas comparativas de exportación y, 6. El ahorro interno. A nivel internacional, las fuentes principales son: 1. La deuda externa; 2. El proteccionismo del G-8; 3. Los términos de intercambio; 4. El capital expatriado; 5. El ahorro externo (prestamos). El poder necesario para accesar esos potenciales de capital varía, pero los más importantes requieren la fuerza negociadora del bloque regional latinoamericano.

La idea de que los latinoamericanos no tienen poder para salir de la africanización, a la cual están sometidos por el capitalismo neoliberal, es una idea absolutamente equivocada, pese a la constante apología que hacen de ella las clases políticas e intelectuales. El poder está delante de las narices de la elite criolla, y existe en tres formas: la deuda externa latinoamericana que ha rebasado los 900 mil millones de dólares; el poder adquisitivo y el petróleo. En cuanto a la deuda externa, el mismo director del Fondo Monetario Internacional, el alemán Horst Koehler, admitió recientemente que sí Brasil y Turquía entran en una cesación de pagos, se quiebra el sistema financiero mundial. Si se sustituye Turquía por Argentina, el efecto es el mismo. ¿Qué más poder hace falta para cambiar la situación catastrófica de la Patria Grande?

El poder adquisitivo de América Latina, del cual viven muchas corporaciones transnacionales del grupo G-8, es otra importante fuerza de negociación, como demostró el economista español Juan de Castro en investigaciones realizadas para la CEPAL y el SELA, sobre “El Poder de Compra de América Latina como Instrumento de Negociación y Defensa”. Aumentando ambas fuerzas de negociación con el factor petróleo, la clase política latinoamericana dispone de una palanca de Arquímedes, capaz de desquiciar a toda la arquitectura financiera mundial y, por lo tanto, capaz de abolir el status neocolonial de América Latina y retomar la ruta de crecimiento existente antes de las décadas perdidas.

La resistencia a la política colonial inhumana del FMI y de Washington es totalmente posible, como reconocen prestigiados economistas del sistema, como Joseph Stiglitz, el número dos en el Banco Mundial durante la crisis asiática, en 1997, y Premio Nobel de Economía en 2001, o Martin Feldstein, quien escribió un artículo en el Wall Street Journal, titulado “Argentina no necesita al FMI”. En la praxis, la viabilidad de la resistencia al totalitarismo del FMI la han demostrado Malasia, Rusia, China y, sobre todo, Cuba.

Que la clase política latinoamericana no use el poder transformador que está en sus manos, se explica por su carácter de clase dominante que nació de las guerras napoleónicas sin el “ADN” de una clase dirigente, como ya recalcó El Libertador Simón Bolívar en su Carta de Jamaica, hace ciento ochenta y siete años. Pero más preocupante aún es el hecho, de que este defecto se haya pasado a los partidos políticos convencionales, a muchos intelectuales colectivos y movimientos sociales y que, en consecuencia, la condición subjetiva para salir de la creciente miseria latinoamericana no se da.

Sólo, cuando los partidos y movimientos sociales importantes de América Latina se atrevan a plantear el uso de los tres poderes para la construcción de un Bloque Regional de Poder fincado en el capitalismo de Estado proteccionista —como la Unión Europea y Estados Unidos— y con elementos integrales de la Democracia Participativa postcapitalista, habrá la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de las mayorías en América Latina. Lo demás es quimera.

V. La quinta tendencia a tomar en cuenta es la evolución política del género humano hacia la democracia participativa. Debido a que representa la civilización del futuro, las estrategias III/IV latinoamericanas deben asumir como meta final avanzar hacia la sociedad postcapitalista de la Democracia Participativa, en consonancia con el resto de la humanidad. Para avanzar en esta dinámica, el programa de transformación nacional-regional (III/IV) ha de integrar, desde su inicio, demandas y elementos de la democracia participativa.

La superación del capitalismo dependiente latinoamericano a nivel nacional y hemisférico y la superación del capitalismo global exigen el desarrollo colectivo de la nueva teoría y praxis del cambio libertador, porque nadie, que tenga ética y sentido común, puede creer que el capitalismo o la democracia formal van a solucionar los grandes problemas de la humanidad.

No menos ilusorio sería pensar que las doctrinas del socialismo “realmente existente” sirvan aun como banderas de lucha y organización mundial, capaz de derrocar al capitalismo global. Esta tarea corresponde al Nuevo Proyecto Histórico de las mayorías que hace visibles los caminos de la liberación y que permite que de las entrañas del sistema se levanten los sin voz ni rostro, los sin tierra ni trabajo, para caminar sobre ellos y reconquistar el futuro perdido.


¡Bello fin de la burguesía!
¡Hermosa aurora de los pueblos!

domingo, 8 de agosto de 2010

Primeras Piedras, en lo alto de una casa.

Inicio en una noche silenciosa en lo alto de una casa, en donde puedo apreciar el esplendor de la ciudad  que duerme, oscuro es el cielo dejando a la lumbre de bombillos diminutos que traen esperanza y optimismo. Que podríamos pensar en lo que nos deparara mañana en inicio de semana.

Escribí estas mis primeras piedras, estas que están marcadas y prevalecerán en montañas hasta que el agua de lluvia o ríos logren arrastrarlas, estas son mis primeras piedras que en la lucha de aprender y conocer pasan por muchas lluvias y tormentas,  siendo también rodadas con el arrastrar de los ríos, desgarrando la madre tierra que se viste con el viento en esta noche silenciosa en lo alto de una casa....